jueves, 31 de diciembre de 2009

¡Al fin!

Ayer comenzaron mis vacaciones    (:
Mañana a la madrugada después de brindar marcho de viaje.



Y
Te voy a extrañar
(mucho)

lunes, 28 de diciembre de 2009

Y

Si usted, alguna vez encuentra a un gnomo de jardín, libérelo.
Nada más que eso.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Simplemente tengo ganas de decir que

hoy, cambié mi forma de escibir el número cuatro.*


*Vale aclarar que el número cuatro es mi favorito y que me gusta mucho cambiar la forma de escribir letras o números cada tanto.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Monstruos verdes

Durante mi infancia ideé una teoría. No recuerdo en qué época precisa fue, pero supongo que a los seis más o menos. Estaba completamente segura que cuando me iba a bañar, todas las personas de mi familia y del resto del mundo se convertían en monstruos verdes y gelatinosos que no tenían piernas y se arrastraban por el piso dejando un camino de baba.
Pensaba que yo era el único ser humano auténtico del planeta tierra, que todos los demás se disfrazaban durante todo el día, excepto cuando me iba a bañar (ahí tomaban su aspecto original de asquerosas bestias pegajosas).
A tal punto llegué a creer mi teoría, que ideaba planes para poder engañarlos y verlos en su forma original. Abría la puerta del baño de repente para que no tengan tiempo de tomar la falsa forma humana, espiaba por el agujerito, o llamaba a mi mamá a mitad del baño con alguna excusa.
Jamás pude comprobar mi teoría.
(sin embargo parte de mí todavía la cree)

martes, 24 de noviembre de 2009

Mis problemas con el tiempo


Uno en la infancia no se preocupa por el tiempo, si son las cuatro de la tarde o las cuatro y dieciocho. Después a medida que vas creciendo aprendés a leer la hora en los relojes agujas y después te regalan uno a los ocho o nueve años. Cómo dice Cortázar en "Historia de Cronopios y famas", "(...) No te regalan un reloj, tu eres el regalado, a tí te ofrecen para el cumpleaños del reloj. (...)". Y entonces ahí uno comienza a relacionarse diariamente con el tiempo.
No recuerdo bien cuando me regalaron mi primer reloj, pero sí cual fue el primero que comencé a usar. Fue a los diez años aproximadamente y era uno digital porque nunca supe leer rápido los relojes aguja, ni siquiera ahora. En fin, a los dos años se me rompió y desde ahí hasta los dieciseis aprendí a convivir con el tiempo sin saber las horas. Al principio recuerdo que fue dificil, me miraba la muñeca y no había rastros de numeritos. Pero uno se acostumbra a todo y yo me acostumbré a mi reloj mental.
El problema con los relojes mentales es obvio, son bastante inexactos. La mente engaña y siempre quiere pensar que es más temprano de lo que es.

Aquí es cuando creo que comenzó mi gran problema con el tiempo, que hasta ahora subsiste y creo que nunca podré solucionar. Esa costumbre de hacerle caso a mi mente y no al tiempo mismo quedó intacta y a pesar de que ahora pueda ver la hora exacta, la ignoro.
Ya es costumbre llegar tarde, aunque quiera no puedo llegar a horario. Es mi naturaleza.
Quizás todo esto sea una mera excusa para no admitir que llego tarde porque no me molesta o porque me gusta, no lo sé, no creo.
Al fin y al cabo, ¿Qué es el tiempo?